
Que pena.
Llevaba años sin comerme una tableta de chocolate (una pastilla que se decía en mi casa, la casa del suegro de mi mujer, quería decir).
Hace dos días me fuí a la nevera, y con aire torero barrigón enganché una entera. Dicen que sube la lívido esa de los cojones.
Pero ahy pobre de mi!!!, fiasco cuando la estaba abriendo.
No se por qué enrevesado inconsciente, al separar el papel que la envolvía, esperaba encontrar el cromo (el santo en casa del suegro de mi mujer). Lágrimas a punto de caer por mi cara bonita.
No había nada. Consulté con gente más joven, de los que todavía no pueden hacer referencia al suegro de su mujer, y resulta que hace mucho tiempo que las cosas no son como eran.
Ni cromos, (ni santos en casa de ya sabeis quien), ni promociones, ni ná de ná.
Con el incentivo que eso suponía para el pequeño gran consumidor de chocolate. Porque además de hacer la cole, servían para intercambiar (relacionarse) con otros niños. Servían también para tener cosas, y además tenerlas repe. Para otros juegos (cae boca arriba y gano, cae boca abajo y pierdo), y para quitárselos a aquel enano que tanta rabia me daba por tener la cole completa.
Que pena.
Del disgusto, sólo me comí la mitad.
Llevaba años sin comerme una tableta de chocolate (una pastilla que se decía en mi casa, la casa del suegro de mi mujer, quería decir).
Hace dos días me fuí a la nevera, y con aire torero barrigón enganché una entera. Dicen que sube la lívido esa de los cojones.
Pero ahy pobre de mi!!!, fiasco cuando la estaba abriendo.
No se por qué enrevesado inconsciente, al separar el papel que la envolvía, esperaba encontrar el cromo (el santo en casa del suegro de mi mujer). Lágrimas a punto de caer por mi cara bonita.
No había nada. Consulté con gente más joven, de los que todavía no pueden hacer referencia al suegro de su mujer, y resulta que hace mucho tiempo que las cosas no son como eran.
Ni cromos, (ni santos en casa de ya sabeis quien), ni promociones, ni ná de ná.
Con el incentivo que eso suponía para el pequeño gran consumidor de chocolate. Porque además de hacer la cole, servían para intercambiar (relacionarse) con otros niños. Servían también para tener cosas, y además tenerlas repe. Para otros juegos (cae boca arriba y gano, cae boca abajo y pierdo), y para quitárselos a aquel enano que tanta rabia me daba por tener la cole completa.
Que pena.
Del disgusto, sólo me comí la mitad.
