viernes, 11 de febrero de 2011

Viernes de los Mártires.


Hosni sigue siendo el comandante en jefe del ejército de Egipto.
Esta es la frase que ha hecho que se me enfríe el colacao de esta mañana de viernes. Viernes de los Mártires, que a esta hora sigue teniéndonos es ascuas con los comunicados, sesgados, que nos llegan desde Egipto.
Con un poco de suerte el ejército decide hacer frente a Hosni y lo saca de su madriguera, pero no parece que esto vaya a acabar en un suicidio colectivo.
Aún así, no paro de darle vueltas a una idea que me provoca esta situación.
Por qué el ser humano se encabezona con tanta intensidad? Si ochenta millones de personas no reconocen al comandante en jefe, por qué Hosni se mantiene en su posición?. Qué pasa con los ideales de desobediencia civil que nos legó el lider indú.
No será que tienen razón los que comunican que el ejército ha hecho cientos de detenciones de civiles y que solo están conteniendo al pueblo para que el aburrimiento en la Plaza Tahrir acabe por disolver las peticiones de los egipcios.
El ejército en Egipto es, como desgraciadamente en casi todos sitios, una casta privilegiada. Llevan, como Hosni y sus secuaces, treinta años chupando del bote. Cualquiera que haya visitado Egipto ha podido comprobar la corrupción que existe en este estamento, como en la policía, la policía turística, los guías, y hasta los camelleros.
Entiendo que la necesidad hace pícaros por doquier, pero difícilmente se podrá hacer una buena compota con este cesto de manzanas. Casi todas ellas tienen cosas que explicar, por lo que no es prudente que formen parte del nuevo Egipto.
Por cierto, lo de comandante en jefe, me resulta muy familiar con una república bananera, en la que su “hosni” tampoco escucha a doce millones de personas.
A ver si al final esto va a ser un problema de sordera selectiva.
Por último, me niego a poner una foto del sordo en mi blog. Me parece mucho más ilustrativa la de la momia de Ramses II.
Sigo confiando.

miércoles, 26 de enero de 2011

Aguantaré!! hasta los 67 y más.


Nací en el 57. A los 14 comencé a dar palos y a cotizar. Como pertenezco a una generación que sí hizo la mili, cuando en febrero de este año cumpla los 54 llevaré 38 años cotizando.
Cuando comencé a trabajar no negociaron conmigo cuál debía ser mi aportación mensual para obtener una pensión de jubilación, ni me exigieron compromiso de no vivir más allá de los ochenta, eso sí, descontaron de mi sueldo lo que les dio la gana, atendiendo a reglamentaciones y legislaciones vigentes que ellos mismos promulgaron, también sin mi consentimiento.
Pensaron y decidieron por mí, no me dejaron escoger.
Ahora los cálculos están fallando. Dicen que la culpa es mía porque voy a vivir más de lo esperado, no se que historia de una pirámide.
Lo agravan al prohibirme fumar. Con esta marcha de cuidados a los 67 estaré pidiendo curro, ya no tendré dolores de rodilla, ni espalda, seguro que habré recuperado la vista que hasta ahora he perdido, y puede que hasta me haya salido pelo en esta calva reluciente que ahora luzco. Y claro, hasta esa fecha estaré en el tapón que no da paso a las siguientes generaciones.
Menuda panda de maricones.
Si al final tengo que aguantar hasta los 67 habré cotizado 51 años. Haz cuentas.
Seguro que para entonces la proyección demográfica dará un giro y habrá que morirse a una edad determinada, por acuerdo entre gobierno y agentes sociales, refrendado por decreto ley, digamos a los 67 y medio, y así todos contentos. Menos el muerto claro.
Recuerdo ahora lo que decía Albert Einstein: La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal a los demás, sino por los que se sientan a ver que pasa.
Envidia me dan los pueblos de Túnez, Egipto y otros de la zona, que están de pie y haciendo que las cosas pasen. Suerte y ánimo para todos ellos, y para nosotros los de aquí, los que seguimos sentados, suerte y a ver qué pasa.